Por todos y para el bien de todos!

#Resistencia ciudadana.

El camino para la autodeterminación y la extinción castrocomunista.

Ante todo reconozcamos una realidad: la sociedad civil cubana atrapada entre sus propias contradicciones, y la intransigencia de un régimen determinado a cerrarle cualquier resquicio de presencia pública, carece de la fuerza necesaria para movilizar a una población cubana desnortada, y sin capacidad para reaccionar convenientemente frente a sus limitaciones.

De ahí que resulte vital para quienes entienden la necesidad de un tiempo de esfuerzos y estrategias compartidas, armonizar acciones encaminadas a incidir directamente en la población cubana. Fijado el horizonte en un levantamiento nacional, acortar caminos desde el empoderamiento de los cubanos en general, pasa ineludiblemente por abrir un tiempo nuevo de lucha verdadera, que nos lleva inevitablemente a un escenario: la resistencia ciudadana.

La resistencia cívica está enmarcada dentro de las acciones concebidas como lucha no violenta. No es patrimonio de un grupo o de un sector de la sociedad, sino que está pensada para ser utilizada por la ciudadanía en general, cuando frente a una realidad social limitada, aquella se determina para modificarla.

Conceptualizar y explicar la resistencia cívica, está siendo imprescindible para los cubanos atrapados dentro de la desinformación y la manipulación mediática castrocomunista. Estos confunden términos, que hoy a la vista de las circunstancias no deberían ser confundidos, si queremos avanzar a la autodeterminación y libertad de un pueblo sometido por una banda criminal; máxime cuando tenemos un país, donde la soberanía nacional es atributo de la clase dirigente agrupada bajo las siglas de un partido, y cuyas líneas programáticas son definidas por un grupo reducido de personas bajo la nomenclatura de una estructura llamada Buró Político.

En Cuba casi al completo, los representantes de la sociedad civil están alineados a la lucha no violenta. Paradójicamente aunque sus actitudes personales son un claro ejemplo de resistencia frente al régimen, casi nunca utilizan este concepto en sus proyecciones y estrategias, al intentar dar salida a la situación del país. Equiparando la resistencia a la violencia por ignorancia o pura supervivencia, aluden que su lucha es pacífica. En franca analogía con figuras de la historia como Gandhi, Mandela o Martin Luther King, los vemos justificarse con los mencionados referentes, sus limitaciones programáticas e inacción en términos de oposición real.

Probablemente este error sea producto de equiparar hechos pasados que no tienen punto de comparación con el caso cubano; pero que además, lo hacen olvidando que todos aquellos en algún momento de su historia, tuvieron en la resistencia cívica activa, su forma de expresión.

La resistencia tiene que conceptualizarse, en dependencia del contexto social donde pretendamos explicarla.

Uno es en los sistemas democráticos. Allí la ciudadanía desde una convivencia establecida bajo un marco legal basado en el respeto a derechos y garantías ciudadanas regulados bajo un marco democrático, se puede manifestar dentro de verdaderas garantías constitucionales.

Otra cosa es la resistencia ciudadana bajo regímenes autoritarios o dictatoriales, como el caso del totalitarismo castrista.

Allí sin un marco democrático, los ciudadanos están indefensos frente a sus gobernantes y por tanto, obligados a resistirse. A desconocer las regulaciones establecidas para la convivencia, pues son precisamente estas, las que limitan su capacidad de expresión, y participación en la dinámica del país.

La resistencia puede enmarcarse y manifestarse dentro del ámbito privado o en la colectividad. En cualquier caso, representa un acto consciente de desacuerdo con el estado de cosas, y con ello expresa inequívocamente un deseo de cambio.

Hay muchas maneras de manifestar la resistencia cívica en cualquier espacio de la vida de un ciudadano. Un ejemplo de resistencia a nivel personal sería la desconexión de la información oficial, con la consecuente búsqueda de canales alternativos para la formación de un juicio crítico. A nivel social el desmarcarse de las convocatorias oficialistas, es el mejor ejemplo de resistencia en el ámbito colectivo.

Adoptar una cultura de resistencia en los regímenes totalitarios, es sinónimo de madurez política y garantía de cambio. En la misma medida que el ciudadano la asume, va consolidando sus valores cívicos y definiendo desde la autodeterminación la ruptura de su relación con el poder, entendiéndolo e identificándolo como el obstáculo en el camino a su bienestar.

Una vez asumida la resistencia como modo de vida frente al sistema, el ciudadano irá afianzándose en su capacidad para llevarla desde el ámbito privado, a su entorno social. Esto no solo lo libera de la dependencia sino que además, le permite influir en otros, en el proceso de generar una cultura comunitaria de resistencia cívica.

Conseguida su determinación no solo a expresar su disconformidad sino a incidir en su realidad para modificarla, el ciudadano estaría en condiciones de impactar y afectar la viabilidad del sistema mediante estrategias diversas.

Son muchísimos los caminos para establecer estrategias de resistencia. En cualquier caso en regímenes tiránicos siempre contemplamos como finalidad, el cambio de sistema mediante protestas masivas. Para llegar a ese momento necesitamos de una estrategia dentro de la lucha no violenta, que contemple la realidad cubana.

Por su importancia y teniendo en consideración las limitaciones, realidades e indefensión de los cubanos, nos centraremos en la que más puede amoldarse a un pueblo que necesita colapsar a un sistema que todo lo ocupa. Hablamos del boicot, que se define como las acciones que se dirigen contra una persona, entidad o sistema, para obstaculizar su desarrollo o funcionamiento.

En el caso de los cubanos, el boicot debe asumirse como un acto personal, silencioso, y malintencionado, del individuo frente al poder. Este resulta una estrategia eficaz en el proceso para ir madurando una conciencia resistente, que les permita finalmente abrazar las acciones de protestas masivas que son en sí mismas, la estrategia definitiva, que los llevará a terminar con la causa de todas sus desgracias.

Con el afán de lograr la comprensión de nuestra tesis, establezcamos algunas diferencias entre resistencia y boicot, para que quienes se determinen a incorporarlo en sus dinámicas de enfrentamiento, tengan aclarado ciertos conceptos. Partimos del hecho que ambos están intrínsecamente relacionados, en una relación causa-efecto.

La resistencia es ante todo una actitud, mientras el boicot es básicamente una expresión de ella. La primera es una necesidad de la conciencia, mientras que el segundo es una opción desde la determinación a forzar un cambio. La una puede ser impactante en términos cívicos, mientras que el otro es determinante en términos de viabilidad del sistema. La resistencia puede asumirse públicamente para generar empatías, mientras que el boicot debe hacerse silenciosamente, para garantizar desde el anonimato, su continuidad en el tiempo. Una es proactiva, el otro coactivo.

Y aunque serán los ciudadanos quienes determinen hasta dónde están en condiciones según sus circunstancias, de desarrollar el enfrentamiento con el sistema, tanto la resistencia como concepto como el boicot como estrategia, parten de una misma conclusión o ecuación: el reconocimiento de una realidad limitante, y la consecuente determinación para transformarla por la vía de la lucha no violenta.

Como la estrategia del boicot puede circunscribirse a muchos escenarios, debemos acotar que en el caso de los cubanos, el boicot debe tener como objetivo el colapso del sistema totalitario. Y esto ha de establecerse desde una premisa: todo es absolutamente susceptible de ser saboteado. No se alarmen, sabotaje es sinónimo de boicot.

Con una población determinada a boicotear al régimen, cualquier acción por muy insignificante que pueda parecer, incidirá en la viabilidad del sistema tensándolo, para finalmente llevarlo desde la inoperancia, al descrédito, y al colapso.

Asumir que una estructura sistémica se mantiene en pie a través de un engranaje interconectado, nos permitirá entender que el boicot como estrategia en Cuba, no debe discriminar ningún área o espacio del sistema, pues es el todo lo que mantiene en pie el funcionamiento del régimen tiránico.

En Cuba las cuotas de bienestar a través de décadas solo han ido de más a menos. Esta merma ha llevado a los cubanos de hoy a una vida sin horizontes, y a tener que desenvolverse en un modelo concebido para el disfrute de unos pocos, gracias al sometimiento y la dependencia de millones de personas.

El boicot a los modos y medios de producción del sistema, ha de asumirse como una necesidad, pues su funcionamiento solo servirá para eternizar el modelo social impuesto. Saboteando su capacidad económica o sus espacios de influencia, conseguiremos ir mermando su potencial para seguir controlando a los cubanos y consecuentemente, favorecer su colapso.

Hoy el régimen castrista acusado de una insolvencia económica no podría siquiera asumir la restitución estética del daño causado por el pueblo a sus símbolos, que constituyen la fachada sobre la que está proyectada la cotidianidad, y el sometimiento de los cubanos. El descrédito, que se evidenciará al constatar el pueblo la ineficacia de las acciones por parte del régimen, para intentar controlar unos actos anónimos a escala nacional, constituye la primera razón para abrazar el boicot como herramienta libertaria.

Muchísimo menos soportarían el daño a sus modos y medios de producción. Hoy la ruina material en la que están instalados, no les permitiría recomponerse frente a un daño ocasionado de manera indistinta y silenciosa, por una población que de manera particular, masiva, y anónima, se determine a dañar todo lo que mantiene las estructuras del régimen en funcionamiento.  

Resistencia y boicot no pueden asociarse a la lucha violenta, máxime cuando la realidad de la población cubana, es la de una sociedad arrinconada por una mafia criminal. Allí sin derechos, medios materiales o libertades, resulta imposible “pacíficamente” incidir en una transformación hacia un estado de derecho por el simple hecho de desearlo, aunque ese sea el bienintencionado deseo de millones de ciudadanos.

De ahí que el pueblo cubano tiene en el boicot, una fórmula eficaz para impactar en su realidad, modificarla, y autodeterminarse hacia un marco de convivencia de derechos y garantías ciudadanas.

Esto no solo es posible, es absolutamente necesario. Se necesita invertir el marco de relaciones de fuerza entre el Estado y la ciudadanía. Teniendo en consideración la naturaleza genocida del régimen cubano, el incivismo de la sociedad cubana y su idiosincrasia, junto a una comunidad internacional bajo la égida del multilateralismo, llevar adelante un enfrentamiento cívico a través del boicot, es la mejor estrategia. A la vez, habrán de irse modulando y madurando, una cultura popular de resistencia que pueda tener en las manifestaciones multitudinarias, un frente social de acciones definitorias contra el régimen.

Bajo un escenario de boicot al sistema, con el debilitamiento de este gracias al empoderamiento de una sociedad que haya asumido una cultura de resistencia desde la estrategia de boicotear masivamente, el impacto sobre la solvencia del régimen y su consecuente colapso, serían una cierta e inevitable cuestión de poco tiempo.

Todo es susceptible de ser saboteado. El daño a las infraestructuras, sistemas de producción o espacios sociales, forzarán al sistema a emplearse a fondo para restituir o reacondicionar, lo poco que hoy se mantiene en pie a duras penas.

Es previsible que la estrategia por parte del régimen frente al llamado a la resistencia y las acciones de sabotaje popular, sean el silencio y la negación.

En la medida en que vayan acrecentándose los actos de boicot, desde los medios en manos del sistema se promoverán campañas para intentar, junto a los quintacolumnistas con presencia en las organizaciones de la sociedad civil, diluir o confundir la posibilidad de movilización de la sociedad cubana, hacia la resistencia y el boicot.

Es de esperar que amparados en el monopolio de la información, lancen desde una retórica ya conocida sus estrategias de desinformación, buscando evitar el contagio ciudadano. Lo homologarán con actos violentos de facciones extremistas y minoritarias de la sociedad, alentadas desde sectores radicales del exilio, sobre quienes lanzarán toda suerte de amenazas, como viene sucediendo desde hace más de seis décadas. No se conformarán solo con intimidar e inmovilizar a la población. Conociendo sus prácticas, les veremos intentar sembrar la confusión y la discordia entre las organizaciones opositoras, promoviendo debates pseudo pacifistas dentro y fuera.

La sociedad civil dentro y la comunidad exiliada, no deberían ceder a tal perversión.

Resistencia no es violencia sino una cuestión de supervivencia, como el boicot a un sistema totalitario no es extremismo, sino la única forma que tienen los ciudadanos maniatados desde el poder, de poder decirles basta. Debemos explicar e inducir a los cubanos desde todos los medios y plataformas de comunicación posibles, de que abracen la resistencia no violenta como actitud frente al régimen; y el boicot, como su mejor estrategia mientras madura el momento del levantamiento popular.

Esta es una cierta y eficaz fórmula frente a una banda genocida que ha anulado los espacios sociales, familiares, y hasta digitales para quienes pretendan expresar su disconformidad. No hay otro camino si queremos llegar a conseguir un pueblo autodeterminado, en medio de un sistema de leyes injustas al servicio de unos pocos privilegiados, pretendiendo mantener un marco de indefensión ciudadana sobre millones de almas.

No es un acto de violencia, pues las acciones no se ejercerán contra personas, sino contra todo lo que materialmente pueda ser afectado para mermar la capacidad del régimen, limitarle su continuidad e influencia en la sociedad, y finalmente, facilitar su extinción.

Resistencia no es violencia. Boicot por coherencia!

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